10 ESTRATEGIAS PARA DESCARBONIZAR LA ARQUITECTURA
El concepto de descarbonización se menciona constantemente en discursos políticos y eventos ambientales globales, pero aún no ha recibido suficiente atención desde el campo de la arquitectura para cambiar profundamente la forma en que diseñamos y construimos el mundo del mañana. Los edificios son actualmente responsables del 33% del consumo mundial de energía y del 39% de las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que indica que los arquitectos deben desempeñar un papel importante si queremos detener o revertir el cambio climático. Dado que el carbono es una medida universal que permite rastrear las emisiones de gases de efecto invernadero de un edificio en particular [1], una de las formas más efectivas para lograr este objetivo podría ser, por lo tanto, la descarbonización de la arquitectura.
La descarbonización abarca la reducción tanto del carbono operativo como del carbono incorporado, que se refieren al carbono emitido durando la etapa de uso y durante todo el ciclo de vida de un edificio, respectivamente. Este ciclo de vida encapsula la extracción, el transporte, la instalación, el uso y el fin de la vida útil de cada material y mobiliario, y es responsable del 11% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y del 28% de las emisiones globales del sector de la construcción [2]. Iniciativas como el Net Zero Carbon Buildings Commitment, lanzada en la Cumbre Global de Acción Climática en 2018, promueven la reducción global del carbono operacional a través de un llamado a reducir la cantidad de emisiones de dióxido de carbono liberadas anualmente a cero o negativo [1] . Otras iniciativas, como el Carbon Leadership Forum en los Estados Unidos, enfatizan la importancia de disminuir el carbono incorporado, basando su importancia en proyecciones que sugieren que el mundo construido se duplicará para 2060 [2].
Con estos objetivos en mente, describimos diez estrategias para descarbonizar la arquitectura; desde consideraciones importantes hasta procedimientos, productos y documentos que podrían ser útiles para aquellos arquitectos que buscan impulsar soluciones concretas.
La descarbonización debe abordarse en tres niveles
Debido a que las diferentes estrategias de reducción de carbono modelan diferentes niveles de efectividad, y las diferentes etapas de construcción requieren de diferentes procedimientos, el World Resources Institute presenta una lista de estrategias clasificadas por prioridad que se pueden reducir a tres procedimientos principales de descarbonización. La lista del WRI para la reducción de las emisiones operacionales procede de la siguiente manera: eficiencia energética antes de las energías renovables; energía renovable en el sitio antes de la energía renovable fuera del sitio; y energía renovable antes de la compensación de carbono (invertir en energía renovable en otros lugares). Para las emisiones incorporadas, se sugiere la reducción de carbono, nuevamente, antes de la compensación de carbono. Este método de compensación de carbono es consistentemente de baja prioridad porque solo se recomienda para casos en los que un suministro de energía 100% renovable no es factible [3]. Con esta jerarquía de prioridades, por lo tanto, podemos abordar la descarbonización de los edificios en tres niveles diferentes:
2. Considera el carbono operativo y el carbono incorporado
Como se discutió anteriormente, las reducciones de carbono tanto operativo como incorporado son pasos necesarios en la descarbonización de la arquitectura en su conjunto. Sin embargo, para los edificios existentes, debido a que los materiales ya están en su lugar, el carbono incorporado puede ser una consideración menos importante y los propietarios de los edificios deben priorizar alcanzar el carbono operativo neto cero. Por el contrario, en la construcción de nuevos edificios, la responsabilidad de los arquitectos al considerar solo un tipo de emisión de carbono puede proporcionar resultados engañosos sobre el verdadero impacto ambiental de una estructura. Por ejemplo, el uso de algunos materiales puede producir una baja producción de carbono operacional pero un alto contenido de carbono incorporado durante todo su ciclo de vida, y viceversa. Un edificio con acristalamiento simple y poco aislamiento generalmente tendrá menos carbono incorporado, pero un mayor carbono operativo en comparación con un edificio bien aislado. Del mismo modo, si bien los equipos para producir energía renovable pueden reducir significativamente el carbono operativo, los arquitectos deben recordar que la fabricación de dichos equipos deja una huella de carbono. Debido a estas posibles inconsistencias, es esencial que los arquitectos de nuevos edificios o renovaciones significativas consideren ambos tipos de producción de carbono simultáneamente al elegir los materiales, optimizando así la eficiencia energética y generando la menor huella de carbono posible.
3. Enfócate en la fase inicial del proyecto
Para hacerlo, los arquitectos deben abordar la descarbonización con rigor y detalle inmediatamente al comienzo de un nuevo proyecto. Las prácticas de diseño bajas en carbono, especialmente aquellas que se dirigen al carbono incorporado, son más eficientes y más rentables cuando se consideran en las primeras fases de un proyecto [4]. La revisión del carbono incorporado de One Click LCA describe las razones de esta mayor eficiencia en detalle. Las primeras fases de un proyecto "bloquean" las posibilidades futuras en muchas partes de un proyecto, incluidas las que podrían afectar significativamente las emisiones de carbono incorporado. Es posible que los arquitectos no puedan realizar cambios de eficiencia energética más tarde, o el rango de posibilidades se verá seriamente truncado. Por ejemplo, elegir un sitio que requiera cimientos muy profundos puede duplicar las emisiones de carbono incorporadas de un proyecto, pero los arquitectos no pueden modificar esta opción más adelante. Menos drásticamente, a medida que pasa el tiempo, incluso si un elemento todavía se puede cambiar, casi siempre incurrirá en costos drásticamente más altos. Por lo tanto, es imperativo que los arquitectos analicen las posibilidades de reducir el carbono incorporado al principio del proceso de diseño.
Una manera efectiva para lograr estos objetivos es mediante el uso de materiales livianos. En un estudio realizado por Saint-Gobain, comparando dos perfiles de tabiques comúnmente utilizados en Brasil, descubrieron que el sistema más ligero brindaba una gran cantidad de beneficios ambientales [5]. La opción más liviana era el sistema de paneles de yeso de Plaka, un panel de yeso con vigas metálicas aisladas que fue comparado con un sistema tradicional de muro de ladrillo de 140 mm con revestimiento de cemento. Para un metro cuadrado de tabiques, descubrieron que el uso de este sistema de paneles de yeso, en lugar del muro tradicional, causaría una reducción del 63% en el potencial del calentamiento global, una reducción del 49% en el uso de energía primaria, una reducción del 80% en el peso del sistema de muros, y una reducción del 36% en el uso de agua dulce. Del mismo modo, se descubrió que un sistema de pared externa liviano llamado Façade F4 reduce a la mitad las emisiones de CO2 de una fachada masiva tradicional. Estos productos no solo demuestran la efectividad de los sistemas de muros livianos, sino que brindan opciones tangibles y factibles para los arquitectos que buscan soluciones ecológicas.